Acontecio un día, era la última hora de la tarde y entre las ramas, del cedro blanco, los rayos dorados, de un sol que se negaba a morir, atravezaban el aire impregnado del aroma de un café recién preparado. Sacamos las hojas que habiamos impreso de un texto de Cristian Warken y nos dispusimos a leerlo, nos sentamos en el jardin del café y mientras oiamos el trinar de unas aves, combinabamos lectura y sonido ambiental sobre las reflexiones de un mundo en decadencia, y la posibilidad de que aún esta sociedad tiene una salvación hacian que el sabor del café tuviera otro distinto, un sabor a revolución, a libertad y a critica constructiva. Los rayos dorados comenzaron a desvanecerse entre las ramas, señal de que una nube impidia su paso hasta el jardín de Café Atmòsferas, pronto se le reunieron más compañeras viajeras y todas ellas se arrejuntaron hasta oscurecer totalmente la tarde,poco después el trueno anuncio su llegada con un sonido imponente que nos hizo virar la mirada haci...